¿Y si. . .no es algo que me satisfaga? — No lo [...]
Tomó un sorbo de su vaso en cuando el camarero se marchó. Lo degustó antes de dirigirse a Belphegor —
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Me despierta un poco. — Murmura. —
— Los ojos de Belphegor van de los demonios sobre la pista de baile, al señor de la lujuria, y se detiene. Cuando acudía al círculo de Asmodeo, el demonio siempre se encargaba de apabullarle con su presencia. No esta vez. [...]
¿Y si. . .no es algo que me satisfaga? — No lo [...]
Me despierta un poco. — Murmura. —
— Los ojos de Belphegor van de los demonios sobre la pista de baile, al señor de la lujuria, y se detiene. Cuando acudía al círculo de Asmodeo, el demonio siempre se encargaba de apabullarle con su presencia. No esta vez. [...]
De nada, Slothie.
Me despierta un poco. — Murmura. —
— Los ojos de Belphegor van de los demonios sobre la pista de baile, al señor de la lujuria, y se detiene. Cuando acudía al círculo de Asmodeo, el demonio siempre se encargaba de apabullarle con su presencia. No esta vez. [...]
— Entiendo. — Siempre le había robado tiempo a [...]
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— Entiendo. — Siempre le había robado tiempo a [...]
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No. — Al menos, él no había visto ninguno nuevo. También había acudido al club poco después [...]
No. — Al menos, él no había visto ninguno nuevo. También había acudido al club poco después [...]
¿Voy a descubrir más tatuajes nuevos? Me gustaría saberlo antes de desnudarte y encontrármelos por sorpresa.
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Voy. — A su paso, claro, pero iba. Ajeno es a [...]
No. — Al menos, él no había visto ninguno nuevo. También había acudido al club poco después [...]
Voy. — A su paso, claro, pero iba. Ajeno es a [...]
No me has respondido.
— Ahí le deja, ahora es él quien pasa de largo para ir al club, incluso está sacando el móvil para reservar una sala para ellos dos —
¿Vienes?
¿Qué cuid. . .? — Oh. — Oh. — Los ojos de la pereza se abren de par en par al comprender. Apenas acaba de llegar, no está ni del todo despierto, ¿y Asmodeo ya tiene ganas de. . .? —
Voy. — A su paso, claro, pero iba. Ajeno es a [...]
¿Qué cuid. . .? — Oh. — Oh. — Los ojos de la pereza se abren de par en par al comprender. Apenas acaba de llegar, no está ni del todo despierto, ¿y Asmodeo ya tiene ganas de. . .? —
No me refería a ese tipo de cuidados.
¿Qué pasa si me duermo? Ahí no podré cuidar de ti.
¿Qué cuid. . .? — Oh. — Oh. — Los ojos de la pereza se abren de par en par al comprender. Apenas acaba de llegar, no está ni del todo despierto, ¿y Asmodeo ya tiene ganas de. . .? —
¿Qué pasa si me duermo? Ahí no podré cuidar de ti.
— Se queda pensativo hasta que entiende que se refiere a que ahora está más joven, que ha cambiado su aspecto. Ríe metiéndose la mano en los bolsillos, siguiéndole de cerca. Se inclina un poco para susurrarle —
Si soy un bebé, quizá tengas que cuidar tu de mi.
¿Qué pasa si me duermo? Ahí no podré cuidar de ti.
— Lo sujeta de la barbilla para observar su rostro, o lo que puede a través de esos cabellos —
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Le apartó el cabello, agarrándolo para obligarle a mirar al espejo, no solo para ver su propia cara, si no la del demonio que tenía detrás.
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— A-asmo. — Quiere explicarse, preguntarle a dónde le lleva, pedirle que lo suelte, pero las palabras quedan atrapadas en su garganta cuando se encuentra frente a frente [...]