Borja Sémper: «La enfermedad me enseñó que lo extraordinario es un vaso de agua»
Nacido en Irún en 1976, Borja Sémper entró muy joven en el PP vasco y desarrolló toda su carrera bajo la amenaza del grupo terrorista ETA. Vivió durante años con escolta y convirtió esa experiencia en una defensa firme de la democracia. En 2020 decidió abandonar la política institucional. Durante ese tiempo escribió, colaboró en medios y se dedicó a su familia. Alberto Núñez Feijóo lo recuperó en 2023 para convertirlo en portavoz nacional del PP, precisamente por ese perfil moderado y por su capacidad comunicativa. Su último gran giro vital llegó en 2025, cuando anunció que padecía un cáncer de páncreas detectado en una fase inicial. Se apartó diez meses de la primera línea para someterse al tratamiento y regresó en 2026. Sobre la experiencia de remontar esa y muchas otras dificultades conversa el líder político en esta entrevista. —¿Qué va a hacer este verano que ni se planteaba el verano pasado?—Pues algo que no es extraordinario, pero que para mí sí lo va a ser, porque el verano pasado estuve enfermo. Este verano quiero tomar el sol y nadar mucho en el mar.—¿Qué supone sobreponerse de un cáncer?—Un aprendizaje y un recordatorio. Había olvidado que hay cosas en la vida que son extraordinarias y que son las más cotidianas, esas a las que dejas de dar importancia porque consideras que son inmutables. Todo lo que creía sólido es mucho más frágil de lo que yo pensaba. Y he aprendido la inmensa suerte de estar vivo, la inmensa suerte de disfrutar de las cosas cotidianas del día a día. Hay gente que me preguntaba si me gustaría dar la vuelta al mundo, andar en kayak o por el Amazonas. Obviamente, si puedo, sí, pero prefiero las cosas cotidianas: levantarte cada mañana, disfrutar de tu familia, disfrutar de tus amigos, una buena conversación o simplemente un libro o mirar el techo.—¿Cómo ha resituado la enfermedad su idea de remontada?—A lo largo de mi vida he enfrentado momentos también muy críticos, pero yo sabía que me encerraba en casa, daba dos vueltas a la llave por dentro y ahí estaba a salvo. O que me cogía un avión, me iba fuera del País Vasco y estaba a salvo. Incluso en derrotas electorales o en otros momentos de la vida en los que sufres una decepción gorda, enseguida uno se resitúa. Una enfermedad potencialmente mortal es otra cosa. Y superarla a mí me ha servido para jerarquizar la importancia de las cosas. Me ha resituado. Es parte de la remontada de mi vida, para que el tiempo sea mucho más limpio, más útil y más verdadero de lo que probablemente era hasta hace un tiempo. Entiendo que en la vida hay que pagar peajes; lo que pasa es que estoy dispuesto a pagar muy poquitos.—¿Alguna canción que suene mejor ahora? ¿Algún alimento que sepa mejor ahora? ¿Algún momento del verano que brille más?—Antes infravaloraba beber agua. Con la enfermedad, el agua se vuelve ferrosa, metálica. Sabe a metal. Durante la quimioterapia, todo sabe a metal: el agua también. Hoy disfruto de un vaso de agua. Fíjate qué cosa, ¿no? O de una copa de vino, de una manera muy natural. Este verano deseo pasear al sol, bañarme en el mar y disfrutar con mis hijos. No aspiro a grandes cosas.—Su regreso es una doble responsabilidad. Lo hace parecer invencible y eso no necesariamente siempre es bueno.Le voy a dar una vuelta. Yo no lo planteo en términos de invencibilidad personal, porque, evidentemente, la muerte me persigue desde hace tiempo. De momento, yo corro más que ella y soy consciente de que mi testimonio puede ser importante para otros. Por eso sigo hablando de esto. Ya intuiré cuándo debo dejar de hacerlo. De momento, debo. Le hace bien a mucha gente que un personaje público, alguien conocido, alguien que tiene una profesión pública, hable sin eufemismos y con naturalidad de una enfermedad tan llena de velos y tan incómoda. A lo largo de estos meses he descubierto que a mucha gente le hace bien que lo hable con naturalidad, sin frivolizar, porque obviamente no es una enfermedad para frivolizar, pero también quitándole drama. Son más de 300.000 los españoles a los que se diagnostica un cáncer cada año. Por lo tanto, no es tanto un asunto de invencibilidad como de utilidad. Quiero creer que, tras haber pasado por esto, puedo convertirlo en algo útil para los demás.—Ha sido un año duro. ¿Qué le vendría bien al ciudadano común y corriente para remontarlo?—El verano de la remontada para mí requiere de muchas dosis de hedonismo y desconexión. Y creo que los seres humanos, sobre todo como has descrito, en un momento como el actual, en el que estamos bombardeados con dramas y con miedos —casi el miedo es consustancial a la era en la que vivimos—, necesitamos que el verano sea para lo que se inventó. Muchos de esos miedos son infundados o exagerados. Sales de tu casa, cambias de ambiente, cambias de entorno. Me da igual el nivel o el estilo de veraneo, pero en principio dejas de ir a la oficina, dejas de ir al trabajo, más o menos. Hay un cambio de vida y creo que eso es magnífico.—El verano también es el momento de las verdades indeseables. ¿Qué ha aprendido a lo largo de los años?—Ahora lo llevo bien, pero me he peleado con esa idea durante mucho tiempo. Ahora ya lo he aceptado con naturalidad. El verano para mí es la constatación de que ya no eres, en mi caso, tan joven. Antes el verano era noche. A veces también exceso, era un poco de ostentación o..., yo no tanto, pero bueno, todo va poniéndose en su sitio. Lo llevo con deportividad y muy satisfecho.—González Pons escribe novelas, usted poesía y ensayo. Moreno Bonilla canta. ¿Qué acontece en el PP y sus liderazgos con aptitudes artísticas?—Hay una cosa que tenemos que superar, y que a mí me lleva a los demonios, y es que la cultura es de izquierdas. Y eso es profundamente falso. La cultura, yo no sé si es de izquierdas; lo que sé es que es de todos, independientemente de cuál sea tu orientación ideológica. Y probablemente aquí haya dos factores. Uno, la izquierda lo ha hecho bien, se ha vendido mejor. Y otro, hay una incomparecencia histórica por parte de la derecha a la hora de reivindicar una cultura para todos, también, hecha por gente de derechas. Yo creo que un político que solo hace política hará mal política. Y un político que solo se rodea de gente política, del partido o de la institución, hará mal política. Por eso, cuando veo que hay políticos que cantan o que escriben o que hacen otras cosas, me parece que eso les enriquece como políticos.Borja Sémper cruza la calle Génova TANIA SIEIRA Un primer recuerdo del verano «El recuerdo más vívido que tengo del verano es con mis padres y mis tíos, cuando nos fuimos a La Manga del Mar Menor coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84, donde competía en piragüismo un primo de la familia. Creo que era de madrugada, o ya altas horas de la noche, por la diferencia horaria con Los Ángeles, y estábamos viendo las competiciones. Yo tendría unos ocho años. Ese es mi primer gran recuerdo. Y luego, con los niños, tengo muchas etapas, porque tengo cuatro hijos, de 20, 15, 10 y 7 años. Para mí la mayor emoción con ellos siempre tiene que ver con el mar y con la playa. Todos los primeros baños en el mar, la primera sensación con ellos en la orilla, cuando sus piececitos pisan la arena por primera vez. Ese momento lo recuerdo con todos y me emociona mucho».