De Troya a Roma: el mito que fundó un imperio
Cuando Troya cayó, Eneas logró escapar de la ciudad en llamas llevando sobre sus hombros a su anciano padre, Anquises, que se resistía a partir: «Mi padre se niega, asolada ya Troya, a prolongar sus días y a sufrir el destierro». En su huida le acompañó también su hijo Ascanio, pero no su amada Creúsa, hija del rey Príamo, a quien Eneas perdió mientras abandonaban la ciudad. Regresó a buscarla desesperadamente y, en un episodio precioso de la Eneida (Gredos) Virgilio relata cómo encontró su sombra, y cómo con sus palabras alivió su ansiedad: «¿De qué te sirve abandonarte así, mi dulce esposo, a ese loco dolor? No acontece esto sin voluntad expresa de los dioses».El héroe troyano, hijo del mortal Anquises y de la diosa Afrodita, Venus para los romanos, abandonaba su patria destruida para emprender un largo viaje por el Mediterráneo. Posteriormente, aquella huida se convertiría en uno de los grandes relatos sobre los orígenes de Roma .Este viaje entre Troya y Roma constituye el hilo conductor de la exposición ' Troya y Roma. Mitos, leyendas e historias del Mediterráneo antiguo ' en el Coliseo, emblema del Imperio romano y de su poder, que acoge esta muestra hasta el próximo 18 de octubre. Esta amplia iniciativa cultural es una de las más completas e interesantes realizadas hasta ahora sobre Troya y sobre cómo la derrota de la mítica ciudad se convirtió, siglos después, en el comienzo del relato fundacional de la propia historia de Roma.La exposición ha sido posible gracias a la colaboración entre Italia y Turquía. Reúne más de 300 objetos, que nos trasladan en el tiempo a través de la arqueología y del mito, desde Eneas y Virgilio hasta el emperador Augusto y una Roma que buscó sus orígenes en el mundo mítico griego, haciendo suyo y reescribiendo el mito troyano. Entre las piezas expuestas, encontramos un relieve de mármol procedente del Sebasteion de Afrodisia, en la actual Turquía, que representa al héroe junto a Anquises, Ascanio y Afrodita. La imagen de Eneas cargando con su padre y salvando a su hijo se ha convertido en una de las representaciones más conocidas del héroe, como la extraordinaria escultura que realizó Bernini y que se encuentra en el Museo Borghese. Esta escena contiene buena parte del significado de la historia, pues Eneas no solo se lleva a su familia, sino que se lleva consigo su pasado heroico y Troya. Además, simboliza el futuro de su estirpe y, a través de su madre, Venus, nos recuerda el origen divino que más tarde Roma haría suyo.El viaje del héroeEl viaje de Eneas desde Troya continuó por el Mediterráneo hasta que llegó a Cartago y allí fue recibido por la reina Dido. Eneas , ayudado por su madre Venus, vivió con Dido una historia de amor, pero debía cumplir el destino que los dioses le habían reservado y continuar su camino hacia Italia. Tras su partida, Dido se suicidó. Tiempo después, Eneas volvería a encontrarse con ella, aunque esta vez en el mundo de los muertos. Eneas fue uno de los pocos héroes que, al igual que Odiseo, entró en el inframundo de Hades y Perséfone y pudo regresar de él.Ya en la península itálica, Eneas llegó a Cumas, la antigua colonia griega cercana a Nápoles, donde consultó a la sacerdotisa de Apolo, la Sibila. Guiado por ella descendió al inframundo. Allí encontró a Dido, que se negó a hablar con él, y después al espíritu de su padre, Anquises, que le reveló el futuro glorioso de su descendencia y el mítico destino de Roma.Esta antigua tradición, anterior a Virgilio, encontró su expresión más poderosa en la Eneida, escrita durante el gobierno de Augusto. Tras la muerte de Virgilio, fue precisamente Augusto quien intervino para que esta obra cumbre no fuera destruida y pudiera publicarse, pese al deseo del poeta de que el poema fuera quemado. Eneas no funda Roma, pero los romanos hicieron remontar hasta él el linaje de sus fundadores. Su hijo Ascanio, también llamado Julo en la obra de Virgilio, quedó vinculado a la estirpe de la que después procederían Rómulo y Remo . Y de este modo, la familia de Julio César y de Augusto, la 'gens Iulia', hacía remontar simbólicamente su ascendencia hasta Julo y, más importante aún, a través de Eneas hasta un origen divino como era la propia Venus. Eneas no funda Roma, pero los romanos hicieron remontar hasta él el linaje de sus fundadoresUna pequeña moneda presente en la exposición resume esta apropiación del mito. Es un denario de Julio César en el que aparece Eneas cargando con Anquises y llevando el Paladio, que era una pequeña estatua sagrada de la diosa Atenea, que procedía de Troya y protegía la ciudad. Una de las tradiciones cuenta que Eneas consiguió llevarla hasta Italia. El nombre de César acompaña a la escena. La antigua leyenda troyana se había convertido ya en una afirmación de los orígenes de la familia de César.No podría haberse elegido un escenario más simbólico que el Coliseo , en el que Roma vuelve la mirada hacia la gran epopeya de Troya en la que quiso reconocer a sus antepasados. Entre las piezas expuestas, también encontramos una cabeza de Augusto procedente de la propia Troya. El primer emperador romano aparece en aquella ciudad de la que, según el mito, había partido Eneas generaciones atrás.Entre la realidad y el mitoPero, ¿dónde termina el mito y dónde comienza la historia? Cuando en el siglo XIX el alemán Heinrich Schliemann (1822-1890) , hombre de negocios de éxito y más tarde apasionado por la arqueología, emprendió la búsqueda de la ciudad de Troya, perseguía un sueño que, según su propio relato, había nacido a la temprana edad de ocho años: hallar la ciudad descrita por Homero.Antes de Schliemann, el inglés Frank Calvert ya había señalado la colina de Hisarlik, en la actual Turquía, como la posible ubicación de la antigua Troya, pero carecía de medios para continuar con sus exploraciones. Como nos cuenta Jorge García Sánchez en su 'Breve Historia de la Arqueología' (Nowtilus), a Schliemann le costó admitir que no había sido el primero. En 1871 obtuvo el permiso para excavar y fue entonces él quien, con sus espectaculares hallazgos, pasó a la historia asociando su nombre, para siempre, al descubrimiento de Troya. Sin embargo, sus métodos arqueológicos son hoy muy cuestionados debido al poco cuidado que tuvo con las ruinas helenísticas y romanas y también con los restos humanos.Cartel de la exposiciónJunto a su mujer, Sofía, de origen griego y gran conocedora de la historia y de la literatura griega antigua, revisaba las excavaciones en el promontorio de Hisarlik. Bajo la colina fueron apareciendo superpuestos los restos de sucesivas ciudades construidas y destruidas a lo largo de milenios. Troya VI, cuya cronología corresponde a la Edad del Bronce (1500-1180 a. C.), ha sido considerada una de las fases posiblemente relacionadas con la guerra narrada en la 'Ilíada'. Schliemann presentó sus descubrimientos ante la Sociedad de Anticuarios de Londres, que publicó en 1877 su trabajo sobre el emplazamiento de la Troya homérica. El llamado Tesoro de Príamo, las riquezas que Schliemann atribuyó al legendario rey de Troya, era un conjunto de objetos de oro, plata y bronce que encontró en 1873. El arqueólogo había sacado el tesoro clandestinamente del Imperio otomano, llevándoselo a Grecia, donde lo escondió. La arqueología demostraría posteriormente que el tesoro pertenecía a un periodo mucho más antiguo, a Troya II, más de un milenio anterior a la época en que tradicionalmente se sitúa la guerra de Troya y que, por tanto, no podía haber pertenecido a Príamo.En cualquier caso, debemos estar agradecidos a la contribución que Schliemann hizo a la historia al desvelar asentamientos que abarcan desde el III milenio a. C. hasta el siglo XIII d. C. El hallazgo contribuyó decisivamente a alimentar la fascinación por la posibilidad de que detrás del relato homérico de la 'Ilíada' existiera un trasfondo histórico.La exposición del Coliseo reúne así arqueología y mito, dos mundos que siguen manteniendo viva a Troya a lo largo de los siglos. Lo más curioso de todo esto es que Roma, la ciudad que acabaría dominando el Mediterráneo, quiso encontrar sus orígenes no entre los vencedores de Troya, sino entre los vencidos.