El intento fallido de secuestro de la princesa Ana por Ian Ball en 1974: un episodio histórico que reforzó la seguridad real
El 20 de marzo de 1974, Ian Ball, un hombre armado de 23 años, intentó secuestrar a la princesa Ana, hija única de la reina Isabel II, cerca de Buckingham Palace en Londres. El suceso ocurrió cuando la princesa, acompañada por su primer marido, el capitán Mark Phillips, regresaba de una proyección de un documental benéfico en un automóvil con chófer. Ball, al conducir un Ford Escort, bloqueó el vehículo real, saltó armado con dos pistolas y obligó a detenerse. Durante el enfrentamiento, los cristales de la limusina de la princesa fueron destrozados por los disparos entre su guardia de seguridad y el atacante. Ball llevaba esposas y tranquilizantes, con la intención de exigir un rescate de entre 2 y 3 millones de libras. En el intento, cuatro personas resultaron heridas: el inspector James Beaton, responsable de la protección personal de la princesa, quien recibió tres disparos al intentar protegerla; el chófer Alex Callender; el periodista Brian McConnell, que intentó intervenir; y el agente de policía Michael Hills. La princesa Ana, con calma, rechazó la orden de salir del vehículo, manteniendo su postura mientras Ball intentaba arrastrarla. Un ex campeón de boxeo, Ronald Russell, intervino golpeando a Ball en la cabeza y ayudando a proteger a la princesa hasta que llegaron refuerzos policiales. Posteriormente, la reina Isabel II condecoró a los héroes, otorgando el Premio George Cross al inspector Beaton. Ball fue sentenciado a cadena perpetua en un hospital psiquiátrico de alta seguridad por intento de asesinato y secuestro. El incidente expuso vulnerabilidades en la seguridad real, como la falta de un vehículo de respaldo y el arma de Beaton que se atascó, lo que llevó a una revisión inmediata de las medidas de protección. La princesa Ana continuó con sus actividades públicas y su carrera ecuestre sin interrupciones significativas, lo que reforzó su imagen de serenidad y resiliencia. Las afirmaciones posteriores de Ball sobre un 'engaño' han sido cuestionadas por los informes contemporáneos, dado que utilizó armas de fuego que herirían a cuatro personas y admitió su culpabilidad.