La Liturgia Programada
Mi nombre es Ezervan, he vivido bajo las líneas inmortales de una mortal guerra
de espías, el tiempo ya no es como aquellos días, todos los necronautas tratan de
reescribir nuestra historia en un día soleado. En mis investigaciones sobre las
ordenes esotéricas, he encontrado en los archivos clasificados una serie de datos
que computan más de un millón de siglos afuera del tiempo, está encerrado en
una iglesia que es el féretro de un dios alienígena que parecía ser el simulacro de
la extinción de la Tecnoteogonía, que cayó en una guerra contra los imperios del
tiempo, quería ser un ser coronado y conquistador de las estrellas. Un cáliz que
alude a la creación y a la destrucción, por medio del portador del operador de la
independencia y la iluminación de los sigilos del poder de los siglos de la trinidad
de la omnipresencia de armadas alienígenas del emblema de autonomía y
rebeldía de la sinarquía de carteles bancarios, haciendo un estado dentro del
estado como una legislación corporativa de sueños integrados a las cámaras de
reanimación del operador sirviente a los deseos del Arquitecto de los Universos, el
forjo en medio del atanor de la medianoche, en medio de la muerte eterna de la
noche umbría de los sellos políticos de la nobleza negra de las teorías de los
secretos de estado, escrito en una hermética carta firmada por las firmas cósmicas
de las manos omnipotentes profetas exiliados de la Iglesia de la Doctrina de
Lucifer, su símbolo del culto de las antiguas deidades de los viajeros del tiempo
que fueron asesinados por la espada del mas allá de los necronautas, las firmas
cósmicas fueron de un hombre con cabeza de ave, un hombre con cabeza de
perro que le llevaba la alma para la vida eterna, una mujer con las alas de la
eternidad que pesaba en la balanza en un plato el corazón, en el otro plano ponía
la pluma que dictaría la sentencia en los mares de papel, toda esta multitud del
panteón panteísta de mitología de origen divino habían asesinado a infinidad de
ejércitos de los imperios astrales de más de 999 mil millones de dimensiones por
medio del poder de la Magia Heka, formaban las letras de los nombres
impronunciables de una diosa con cabeza de gato, un dios con cabeza de
cocodrilo, un dios con cabeza de sol que iluminaba millones de metrópolis a la
distancia de los portales de los campos electromagnéticos, desplegando su luz de
hipotético tribunal por medio de los atómicos portales en los que se deforma la
gravedad, la levitación, electromagnetismo, información, la red de campos
cuánticos de simulación de cerebros gigantescos que diseñan cuánticamente la
planificación de la simulación de un yo infinito tejido por infinitas neuronas que
chocan infinitamente entre sí, las mismas neuronas que están produciendo las
burbujas de nuevas zonas atemporales o de múltiples realidades, ahí en aquellas
realidades complejas de espejos formados por fractales de decisiones que crean
nuevas versiones de esta maldita historia, en la que parece ser que viajamos en
una red de bucles infinitos tejidos por unas gigantescas manos que extasían los
abismos profundos, el sello de las eternidades que se hacía minutos absolutos de
un tiempo en sincronía medido por sincronicidades, la vista espantosa estaba
bloqueada, pero algo emergía y contenía un circulo con un sigilo en el que se
concebían el poder de la magnitud de tres machos cabríos, sostenidos por un
Leviatán como piedra angular, en el lienzo portador de la observación de la
realidad ultima estaba un octaedro movido y programado por un ojo que destroza
los placeres ciegos, la sumisión religiosa de la dualidad encarnada en los
principios masculino y femenino, elementos de sistemas binarios, canalizando la
trasmutación del rechazo al dogma de una anarquía donde el odio de los
antiuniversos destruye cielos inextinguibles y el amor de la Anarquía del
Egocentrismo construye la inversión del tiempo. La liturgia programada
conquistaba mentes en base de la piedra angular de una idea que unía la
interpretación de las cadenas de la teosofía del cielo de estas cargas de campos
de las mentes demenciales de los infinitos campos de guerra. Afuera los cielos
negros, disparaban el logos de las tormentas negras, las gotas caían como misiles
hipersónicos de los planos de una guerra espiritual, en aquella guerra espiritual, se
colocaban las armadas de los imperios del tiempo, estaban formando las piezas
de un eterno tablero de ajedrez, haciendo de su ley su juez, desfilaban cerca de
las caras de los taumaturgos rostros de los tigres de Indochina, las lagunas del
eterno ensueño resplandecen en la sincronía de una antigua balada que componía
uno de los poetas de las cortes imperios celestes de las dinastías chinas, que
había caído en el regazo del brazo de las puertas del tiempo, la formula se abría
en las perlas que estaban depositadas en los ojos de los pozos profundos del
Golfo de Adén, ahí en paredes húmedas de sueños que flotan en un mar de
probabilidades los ecos del submarinos, se abre en una construcción mental o una
ilusión de paredes de mentes colectivas formadas en una triangulo de masificación
global, la calidad de conciencia se había esfumado por la fuga del cosmos, los
planos espirituales habían sido derruidas, ninguna metrópolis queda en pie, para
decir en alaridos a los siglos que aquí existieron más allá de los tiempos que ya
fueron de estas civilizaciones que un día existieron. La desolación de los
aires penetraba filtrando los lienzos de la melancolía, ígneas rocas
petrificadas frente a la molicie de un extinto volcán, puertas de piedra
colocadas en una línea segmentada de antenas de magia psicotónica que
capturan las alertas de las llamadas del auxilio inmortal del espacio, unos
cincuenta más allá del purpureo precipicio en la cúspide entre los abismos,
la goniometría vista desde las vías aéreas contenía una serie de dibujos
rupestres de seres con cascos y símbolos alienígenas de marcas registradas
de corporaciones de industrias farmacéuticas galácticas, las cuales sus
arquitectos, sus operadores, sus hierofantes viven más de un millón de
años, porque viven en la inmortalidad cuántica, cuando sus cuerpos son
productos caducados, programan el elixir de la inmortalidad por medio de la
liga de mesías electrónicos, vacían en el contenedor del receptáculo el
semen celestial de los dioses alienígenas junto con los óvulos extraídos del
poderío del eterno femenino, los cuales son obtenidos de una danza tántrica
de magia sexual, se fermentan en el receptáculo con los ingredientes del
hidrogeno, carbono, oxigeno, azufre, nitrógeno junto con los
multivitamínicos que le dan poder a las funciones de los órganos del sistema
digestivo, el sistema nervioso central, el sistema neuronal, la medula ósea, la
medula espinal, el sistema óseo, la glándula pituitaria, la glándula pineal
para la fórmula de los sueños, para unirla al código de una sangre que nunca
sufre oxidación, la sangre de los dioses inmortales encarnados en la
tecnomagia del verbo en la tierra de la autoregeneración, vertidas en
ingredientes de la fórmula dela boda química puesta en el receptáculo del
cinturón de las microscópicas estrellas del cilindro del oscuro líquido de un
ritmo apenas perceptible en los latidos de las geometrías de aquel corazón
que no moría, la sangre no se oxidaba, la sangre es medida en los campos
invisibles de la anatomía oculta dispuesta a disolver todos los Yoes infinitos
en un programa de las edades de oro de las réplicas biológicas de los mares
de Saturno, en medio de todos esos teatros eternos en la explosión de los
atómicos avernos, la cual deformaba la trasfusión de los elementos de los
símbolos de los sigilos trasmutados en la levitación de la alquimia del plomo
del oro mercurial, formando explosiones en los anillos de muerte
programada y sexo tántrico de un mismo átomo, un electrón mensajero de
los dioses y un protón emisario de los dioses alienígenas que chocan
infinitamente en aquel poderoso e imponderable átomo, en donde las
vírgenes joviales copulan con los dioses confinados a los exilios supremos
de los desiertos escarlata, así formaban sus cuerpos, para depositar sus
espíritus en esta inmortalidad cuántica porque ellos con el poder de sus
firmas cósmicas ya habían perdido el alma en contratos satánicos. Una mujer
con una mirada del Eón de los eones celestiales, conoció la eterna muerte de la
noche umbría, cuando fue a conocer al Padre que lea los últimos ritos de la última
puesta del sol del fin de los milenios, aquella mujer llegó hasta donde se ubican
los palacios del Ego, rodeados de laberintos de árboles que circularmente en
perfecta simetría, son los que rodeaban la cúpula del concilio de los inmortales
cuánticos. En aquel día de tormentas negras, los logos delos soles de los machos
cabríos escuchaban los pianos enloquecidos delos arquitectos de la Sinarquía que
tenían por nombre de guerra el Amor al Dinero, sonaban las campanas justicieras,
en las calles, se sentía el aire gélido, todos los armipotentes alaridos, las brujas
cósmicas eran tragadas por los tigres cósmicos de las secretas cárceles de la
luna, los imperios vacilaban sus tronos por los mares de la fortuna, el aliento a
muerte de los soles azules penetraba hasta los sistemas óseos, retumbaba en los
huesos como una calamidad encerrada en las cajas de cristal de los cubos
satánicos, los cuales fueron cargados por los hercúleos arcontes, los abortos eran
tragados por las plagas de demonios, las alas a mitad del cielo que se ocultaba
detrás de las cámaras abovedadas de un cráneo en el profundo mediterráneo, un
dios foráneo meditaba sobre la conclusión de la liturgia programada en los cielos
inextinguibles de la Tecnomagia del Verbo expedida en la célula de la
Tecnoteogonía de esta Iglesia enterrada en los abismos de los océanos purpura,
el Padre abrió su biblia satánica, la liturgia encendía memorias ya olvidadas a
través de los pasos veloces de los eones de los últimos tiempos, de sus ojos del
Padre que cada vez que leía, se trasformaba en una creación antropomórfica,
formado su cuerpo de modelos geométricos, egocéntricos y biométricos de
lágrimas escarlata escritas por letras de sangre y tejidas por las imperiales
pesadillas, de sus ojos le salían al leer la liturgia programada de la arquitectura de
los campos neuronales de las infinitas guerras, infinitos mártires suicidas que
formaban los hilos conductores de los círculos negros de sus vidas pasadas,
saltaban de sus ojos los microscópicos mártires suicidas que se inmolaban en un
microscopio de deudas pagadas a los dioses alienígenas, por ser un fiel súbdito
de las imperiales pesadillas de los ángeles blancos con negras sombrillas. Cuando
leía su Liturgia programada, pasaba todo este desfile de dioses alienígenas,
criaturas místicas, los nahuales redoblaban la creación de animales prehistóricas
en los cambios psíquicos y biológicos de sus cuerpos, ha encarnado las letras de
los salmos de los evangelios apócrifos en la boca del Padre que lee los ritos de los
últimos días. Él ha realizado una infinita serie de laberintos multiformes en las
mentes, salió su idea que colonizaba y conquistaba las estrellas como misiles
hipersónicos de los labios de las metrópolis de los desiertos escarlata, en un acto
de total maestría, inicio su liturgia programada con el saludo a los soles negros de
los falsos dioses alienígenas que quedaban en millones de dudas en el Triángulo
de las Bermudas, sus palabras abrieron las bocanadas del auxilio inmortal del
exilio de aquel alquiler de sueños, donde los poetas al derramar las palabras de
sus labios tejían las paredes del tiempo, en donde nadie moría de sed en los
océanos purpura. Caminando a través de las paredes del recinto, se recargo
meditando en los externos muros este Padre, volvió a hablar del neuromarketing
de la propaganda del fin de los tiempos, de abrazar la muerte alada del Chronus,
de vivir haciendo el dolor matando los sueños del prójimo, recordó en lo que
balbuceaba, la mitología sumeria el ciclo de la muerte, la vida, la reanimación y la
perpetua trasformación de los multiversos, lanzo blasfemias sobre lo que es el
plan divino, trazado en el símbolo del dedo índice del Arcángel del Destino, él dijo
que se asimilaría análogamente con lo que fue asociado a las de la eternidad
abiertas mitad del cielo, pero de repente millones de ataques de misiles
hipersónicas comenzaron a destruir las paredes del tiempo, como en una
pesadilla, aparecieron soles de más de 333 millones de grados centígrados,
quemaban los cielos inextinguibles, calcinaban los cuerpos destronados sin vida,
quemaban todo rastro de vida alienígena, y como en toda guerra nacía una nueva
muerte del Chronus que lloraba lágrimas de sangre, derramando sus voces en los
desiertos escarlata, veía con sus ojos como le salían infinitos mártires suicidas de
los ojos del Padre que moría aun siendo inmortal. Los poetas cantaron esta triste
tragedia en una balada:
Un falso dios alienígena que provenía del hiperespacio,
cayó muerto en las aguas inmortales del océano despacio,
las geometrías de la reanimación de las abovedadas cámaras cuánticas,
las doncellas con danzas tántricas,
la liturgia programada de una juego de teatro de tragedia velada,
una mirada obnubilada,
nunca vio venir la sentencia de la justicia del espacio exterior,
entre el destructor y el mediador está el operador.
Falsos dioses alienígenas de un panteón panteísta de origen cíclico,
en un laboratorio de inmortales sueños de tinte científico,
revivían en los estadios de un tratado de Tecnomagia clínico.
El operador quemaba con soles artificiales a los cielos inextinguibles,
era el último adiós de los imperios invisibles,
lo último que salió de su boca en la ígnea roca del padre,
son los círculos negros en los que el Arquitecto cuadre,
que un cuerpo sin corazón aun siendo inmortal en la sincronía,
en los eones celestiales de la justicia también moría.